Thursday, March 19, 2015

La huída

Hacía una lista mental mientras terminaba de recoger. Lo llevaba todo, o al menos, todo lo necesario para empezar. Echó un último vistazo al salón antes de salir. La habitación estaba en penumbra, pero la persiana dejaba pasar un hilo de luz que iluminaba el polvo flotando en el el aire, que daba un halo de belleza irreal.

Creyó reconocer sus formas aún sobre los cojines del sofá. Cuando ella se fue, le costó hacerse a la idea. No le dolió, simplemente porque no llegó a creérselo del todo. Muchas veces se descubría llevando dos vasos a la mesa a la hora de comer. Cocinaba demasiado, sin medida para uno, así que guardaba los restos para la cena, y los recalentaba para tomarlos solo delante del televisor.

Se aseguró dos veces de haber cerrado bien la puerta al salir. Le entregó las llaves a la portera, como ya había acordado con su casera, y se dirigió hacia su viejo pero fiable coche alemán. Le sudaban las manos, no dejaba de repetir listas mentales, aunque el fondo de su pensamiento estaba en otro sitio.

Cierta angustia apretaba su pecho, el miedo a lo desconocido. Y sin embargo su corazón saltaba como si se hubiera tomado tres Red Bull. Eran las ganas de volver a probar algo casi olvidado. La libertad.

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